Sensacionalismo e información
Este titular del día 18-01-06 del diario La Opinión de Málaga apareció en la mochila de Antonio, un chico de 11 años, listo, vivo, inquieto, delgado y un poco bajo para su edad y feliz a esa forma que solo lo son los niños. Un niño de su colegio se lo había metido mientras le repetía que su madre iba a ir a la cárcel. Antonio vive con su hermana Dora y con su padre, su madre vive en Italia.
Los problemas judiciales entre los padres por la custodia de sus hijos les han llevado a enfrentamientos en los tribunales y los niños lo saben, están al corriente de todo de una forma sincera, explicada claramente desde un principio, sin buenos ni malos, sino basada en las reglas, el deber y el amor.
Antonio y Dora saben que hay un juicio y saben el porqué, pero alguien en la audiencia decidió que eso nos interesaba también a nosotros, decidió llamar a su colega el periodista y ya está ese mismo día, antes incluso de que la notificación para el juicio llegase a los propios interesados, ya tenían todos los datos en la redacción y su director se frotaba las manos por lo morboso y vendible de su noticia, un día más bastó para que los periódicos y televisiones se hicieran eco de la noticia.
En todo el transcurso de esta noticia a nadie se le ocurrió pensar en Antonio y Dora, que piden explicaciones a su padre por un juicio del que ni siquiera tenía noticias y en el que no figura como acusación y hablan con su madre que está en Italia y no puede abrazarles y tranquilizarlos, decirles que nadie va a ir a la cárcel, que todo se arregla pagando una fianza y que se irán al campo unos días cuando ella venga o a un hotel con jacuzzy y sauna los tres juntos.
No es justo que las cosas sean así, no es justo que por el morbo que un juicio de estas características suscita se perturbe de esta manera a unos chavales, no es justo y no es información, pertenece al ámbito estrictamente privado, máxime cuando están jugando con las lágrimas de dos niños.
¿Dónde está la frontera entre información y sensacionalismo? Me asquean profundamente los telediarios, ese plano de un zapato en la información de un accidente de tráfico, la abuela histérica de la casa de debajo de la de la explosión de gas, los padres abrazados a sus hijos, los hijos a sus madres y están a sus maridos y todos muertos, solo rodeados por mujeres de negro que lloran y chillan desconsoladamente.
El otro día me quedaba impresionado al ver a la hija de Rocío Durcal pedir por favor a los periodistas que respetasen su intimidad en esos duros momentos, ¡a qué hemos llegado¡ pedir por favor algo que debería presuponerse como una máxima, ¿y qué hubiera pasado si no les hubiera dicho nada?, alguien habría corrido a ocultarse en cualquier sitio y saca una foto de esa hija agarrada al cuerpo ya frio de su madre, espera hasta el momento justo en que el dolor la rompiese por dentro y corre a llamar por teléfono, habla con cualquier engominado de redacción con alma de buitre que frotandose las manos acuerda un precio, siempre inferior al que el ganara.
¿Qué se puede hacer?, ¿realmente los espectadores demandamos esta clase de información? Está claro que el morbo es algo innato a la especie humana, hay están las películas de Hitchcockcomo en psicosys, con esa ventana encendida de donde no podemos apartar la vista o los cuadros de Edward Hopper,congelando un momento robado a la vida de otros, mostrándonos un gesto, una boca de la que casi podemos percibir el sonido, y dejando que nuestra imaginación rellene el todo con toda clase de elucubraciones y fantasías. Pero este no debería ser el pilar en el que sustentasen los mass media, debería permanecer en la más estricta privacidad, o si no, estipulemos cuantos periódicos vale el dolor de una familia, cuanto oyentes el miedo y cuanto share las lágrimas de un niño.
Que la palabra información no encubra por más tiempo la desvergüenza, la falta de escrúpulos y el todo por la pasta, que entremos en razón, que alguien diga basta, que no se viole la integridad de las personas, que se respete los derechos de los niños, que dejen a Antonio y Dora ser felices.

manuel dijo
ver para creer
3 Abril 2006 | 12:04 PM